La salud personal y enseñar a los demás a cuidar de su salud y su bienestar han sido pasiones para mí durante muchos años. He tenido problemas de salud toda mi vida, que culminaron en un cáncer y en la enfermedad de Hashimoto cuando tenía treinta y tantos años. Más allá de mi propia salud, también lo he pasado mal viendo sufrir a varios seres queridos por problemas relacionados con la salud, entre ellos mi marido Marc, que perdió su batalla contra el cáncer con cuarenta y tantos años. A pesar de mis muchas dificultades con la salud, agradezco enormemente las lecciones que he aprendido de ellas, porque me han dado el impulso para transmitir lo que sé a otras personas que lo necesitan.
Mi fascinación por la salud y el bienestar empezó en los viajes que hacía con mi madre a Rancho La Puerta (un oasis de bienestar que se adelantó a su tiempo) en Tecate, México, cuando yo era solo una adolescente. Ella iba para intentar aliviar su asma y a mí me llevaba a rastras. Estaba convencida de que aquella experiencia no me aportaría nada, pero las vueltas que da la vida me han devuelto al punto de partida: hoy la nutrición y ayudar a otras personas a llevar una vida sana y feliz se han convertido en mi profesión, y no podría estar más agradecida por ello.
Como a muchos de nosotros, al salir de la universidad me atraía la vida acelerada de una mujer de negocios «de éxito». Trabajaba jornadas larguísimas en un empleo estresante y me alimentaba a base de cafeína y cenas caras en restaurantes. Hacer ejercicio se consideraba un lujo y dormir era cosa de quienes no aspiraban a ascender. Iba a conquistar el mundo.
